Monday, October 18, 2010

Los Primeros Días

Momentos después de las primeras noticias sobre la invasión, las calles se llenaron de gente. Todo el mundo corría de un lugar a otro, muchos sin saber hacia dónde ni por qué. Por aquí se veía un hombre haciendo un discurso patriótico, por allá una mujer que se lamentaba: '¡Se llevan a mi hijo!', '¡Se llevan a mi hijo! ¡Dios mío!!!' ¡Extra! ¡¡¡EXTRA!!!, pasaban gritando los muchachos que vendían periódicos. Otros aprovechaban la situación para vender otras cosas: ¡¡¡TAMALES CALIENTES!!! ¡¡¡REFRESCOS!!! ¡LOTERIA! ¡MAÑANA SE JUEGA! ¡¡¡LA LOTERIA!!!

Las radios seguían transmitiendo noticias en boletines que el gobierno daba, y pidiendo a todos mantener su calma y no hacer caso a los rumores. Pero era difícil mantener la tranquilidad y los rumores, por el contrario, aumentaban momento a momento.

La primera gran manifestación se organizó como a las cinco de la tarde frente al monumento de Laneros, héroe de la independencia de Surlandia, donde el pueblo escuchó con entusiasmo discursos de profesores de la Universidad, estudiantes y otros ciudadanos. Después, cantando canciones patrióticas y gritando ¡Viva Surlandia! ¡Mueran los invasores!, la enorme manifestación de hombres, mujeres y niños empezó a recorrer las calles de la capital. Al pasar por la Embajada de Andivia lanzaron insultos y piedras, y algunos trataron de entrar al edificio. Por dicha no pudieron porque el gobierno, anticipando que esto podía suceder, ya tenía tropas allí para proteger el edificio y a los miembros de la embajada. Los daños causados fueron sólo algunas ventanas rotas. Finalmente, la manifestación llegó al Palacio Presidencial donde el Presidente de la República, Ingeniero Carlos María González pronunció un emocionante discurso, que fue interrumpido muchas veces por los grandes aplausos de la gente.

Mientras tanto, en las estaciones, en el aeropuerto y en los caminos, el movimiento de tropas que iban hacia el 'frente', y de gente que volvía apresurada de la playa y del campo, era enorme. Sin embargo, después de estas primeras horas de conmoción y confusión, todo se fue haciendo más normal y el país entero empezó a organizar sus fuerzas para hacer frente a la situación.

Después de haber escuchado las palabras del Presidente la manifestación recorrió una vez más las calles y después, poco a poco, la gente empezó a irse a sus casas. Todo estaba tranquilo; sólo el ruido causado por los camiones militares rompía el silencio de la noche.

Según los informes oficiales transmitidos por la radio hasta ese momento, la situación era la siguiente: desde temprano en la mañana del sábado corrían rumores de que algo serio ocurría o iba a ocurrir en la frontera. A las dos de la tarde la oficina de telégrafos de Cuatro Vientos, un pequeño pueblo situado a diez kilómetros de la frontera, mandó un mensaje urgente. Este mensaje decía que el pueblo estaba siendo atacado. Varios otros mensajes siguieron a éste, el último informando que gran parte del pueblo ya había caldo en manos de los invasores, los cuales seguían avanzando y estaban ya muy cerca de la oficina de telégrafos. Después no se oyó más.

La noticia corrió rápidamente por todo el país y pronto empezaron a llegar cantidades de mensajes de otros pueblos de la frontera sobre misteriosos movimientos de tropas enemigas por esos puntos. Por un momento pareció que Andivia había atacado a lo largo de toda la frontera. Sin embargo, todas estas noticias resultaron ser falsas y ya, en las primeras horas de la noche, el gobierno supo que hasta el momento las operaciones militares se limitaban a Cuatro Vientos.

En Andivia, los periódicos indicaban que el conflicto se debía a que una fuerza de exilados había tratado de cruzar la frontera con ayuda de las autoridades surlandesas. Que por eso se había ordenado a las tropas de Andivia destruir el foco de concentración enemiga en Surlandia situado cerca de Cuatro Vientos. Que ése era el sólo propósito de la operación.

Surlandia negó rotundamente el pretexto dado por Andivia para invadir su territorio y, considerando esto como un acto de agresión a la soberanía del país, ordenó una movilización general.

Las primeras noticias sobre el resultado de la batalla de Cuatro Vientos habían sido algo exageradas: varias personas que habían podido escapar a tiempo estimaban los muertos entre cien y ciento cincuenta y los heridos en más de trescientos, pero más tarde se supo oficialmente que el número total de bajas de un lado y otro habían sido veinte: seis muertos y catorce heridos.

Pasaron algunos dias y la situación militar no cambiaba. Las fuerzas surlandesas, en número de cinco mil, en vez de atacar inmediatamente a Cuatro Vientos, esperaban al enemigo a unos cuatro kilómetros de distancia de ese punto. Pero, como se supo después, gracias a la oportuna intervención de la OEA, no habia continuado avanzando más allá de Cuatro Vientos.

Entre las tropas surlandesas que esperaban con impaciencia la orden de avanzar sobre el enemigo, orden que no parecía llegar nunca, estaban los sub·tenientes Alfredo y Julio Fuentes. Ambos hermanos habían obtenido este grado después de haber hecho el servicio militar y, a pesar de no estar obligados a entrar al servicio activo debido a su trabajo en el Ministerio de Relaciones Exteriores, el mismo dia de la invasión se presentaron al Cuartel General del Ejército, no sin antes haber pasado largo rato en la oficina de su jefe tratando de obtener su permiso. Por fin lo convencieron y, esa misma noche, después de haber ido a su casa a despedirse de sus padres y hermanos, salían hacia el frente en un convoy de camiones y jeeps.

El viaje fue difícil, pero el entusiasmo era tan grande que, entre canciones y chistes, el tiempo pasaba rápidamente. Aquello parecia más bien un grupo de estudiantes en un picnic. Llegaron al frente en la tarde del día siguiente y, con mucho entusiasmo aunque con cierto desorden, comenzaron a establecer sus posiciones. Alfredo estaba al mando de un pelotón y su hermano Julio al mando de otro.

--¡Sargento Ortíz!, -ordenó Alfredo con voz de mando, como corresponde a un olicial.
--¡Sí, mi Teniente!, -contestó el sargento saludando militarmente.
--Vaya con dos hombres a aquel promontorio a observar si hay algún movimiento de tropas enemigas!
--¡A aquel proto•••QUE, mi Teniente? ¿Protomorio? ¿Cuál protomorio?
-¡No protomorio!, PROMONTORIO, imbécil! ¡Esa pequeña colina que se ve allá! ¿¡Que no ve!?, gritó Alfredo. -Estos campesinos idiotas no saben ni hablar como la gente, pensó.

El sargento eligió a dos hombres del pelotón y salió inmediatamente hacia el lugar indicado. Alfredo llamó entonces a otros para darles otras órdenes.

Hacía una hora que la patrulla hacía salido cuando se oyeron unos disparos. Minutos después volvía el sargento con sus dos hombres, corriendo y más pálidos que un muerto. Alfredo supuso que algo serio ocurría y salió apresuradamente a encontrarlos.

--¿Qué pasa? ¿Tropas enemigas?--, preguntó ansiosamente.
--¿Tropas enemigas? ¡Mi abuela!--, contestó el sargento con voz agitada y nerviosa. -Su hermano que casi nos mata. Andaba por allí con otra patrulla y cuando nos vió acercándonos al monontorio••• al proto••• bueno, a esa cosa, parece que creyó que éramos enemigos y comenzaron a dispararnos. Gracias a Dios que nos dió patas para correr.

-- y a mi vieja que me dió esta medalla de mi Santo Patr6n, - dijo uno de los hombres, -Eso fue lo que nos salvó.

-¿Cómo pudo Ud. reconocer que era mi hermano?,-le preguntó Alfredo al sargento.

- Porque nos encontramos de repente como a una distancia de cincuenta metros y yo pude ver perfectamente que el jefe de la otra patrulla era don Julio. Y en vez de pedirnos el santo y seña, empezaron ellos a disparamos como locos y nosotros salimos como a cien por hora. Los pobres deben haber estado más nerviosos que nosotros.

Este y muchos otros incidentes ocurrieron durante los primeros días. Fue una gran suerte que el enemigo decidió no seguir atacando.

1 ¿Qué se veía en las calles momentos después de las primeras noticias sobre la invasión?
2 ¿Quién aprovechaba la situación?
3 ¿Qué hizo la gente al pasar por la Embajada de Andivia?
4 ¿Cuáles fueron los daños causados?
5 ¿Cómo se llamaba el presidente de Surlandia?
6 ¿Se disolvió pronto la manifestación?
7 ¿Dónde estaba Cuatro Vientos?
8 ¿Qué decía el mensaje que llegó de Cuatro Vientos?
9 ¿Qué decían los peri6dicos de Andivia?
10 ¿Cuál fue la respuesta de Surlandia?
11 ¿Cuántas bajas hubo en la batalla de Cuatro Vientos2
12 ¿Quiénes estaban entre las tropas que iban hacia el frente?
13 ¿Qué grado tenían?
14 ¿Cómo fue el viaje?
15 ¿Por qué dispararon en contra de la patrulla?


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