Friday, October 1, 2010

La Boda

El 18 de marzo, un maravilloso día de otoño, es la víspera de la boda de Carmen del Valle y José Molina.

En casa de la familia del Valle hay una actividad inusitada. Entran y salen sirvientes trayendo y llevando sillas, flores, regalos, licores y toda clase de alimentos para preparar la fiesta.

En uno de los aposentos interiores vernos a Carmen, rodeada de un grupo de amigas, y a la modista, que se afana con los últimos toques del traje. Este es de raso, color perla,con una falda muy ancha. El diseño, creación de Balenciaga, fue copiado por una hábil modista del país. El velo, muy amplio, de finísimo encaje belga, ha sido el velo de varias generaciones de novias de la familia del Valle. Carmen va a llevar además un ramo de orquídeas blancas y de azahares, símbolo de la pureza de la novia. En otras habitaciones hay varias costureras y bordadoras que acaban los últimos detalles del ajuar. Carmen termina de probarse el traje y sus amigas le dicen que luce verdaderamente bella.

El grupo se alista para dirigirse a la catedral. Han llegado ya flores en profusión: calas, lirios, azucenas, orquídeas tropicales, etc.

En la iglesia, muy pronto manos femeninas decoran el altar y se puede ver el esplendor de la catedral colonial con sus adornos de oro y plata. Ya empieza el ensayo de la ceremonia, ya se oyen los primeros acordes de la marcha nupcial, ya viene el cortejo desfilando por el centro de la nave de la catedral: Carmen del brazo de su padre, precedida por las damas de honor, pajes, etc. José debía estar ante el altar esperando a la novia; pero no está allí todavía. Nadie lo ha visto esta mañana. Empieza a notarse cierta inquietud en el ambiente. Esa pesadilla de toda novia, la triste figura de una novia que se queda plantada ante el altar porque el novio se arrepiente a última hora, comienza a cobrar forma en la imaginación de Carmen. ¿Dónde estará José? se preguntan todos. Si no se ha presentado para el ensayo quién sabe si se presente a la boda.

Mientras tanto José ...

Acababa de levantarse. La noche anterior sus amigos le habían dado una despedida de soltero y cuando llegó a casa no se sentía muy bien, a pesar de que se había divertido con moderación. Eso era lo peor del caso, que todos iban a creer que había parrandeado mucho, ya que esas despedidas generalmente se convierten en tremendas francachelas. Dejan el recuerdo de la última calaverada de la cual el festejado puede acordarse en la vejez con una sonrisa socarrona. Pero José se sentía muy cansado esa noche y se fue temprano de la fiesta.

Cuando llegó a su casa su madre no se había acostado todavía y al verlo le dijo que tení~ muy mal aspecto y quería saber lo que le pasaba. El le contó que hacía días que se sentía muy cansado y que por eso se había ido temprano de la fiesta. No podía dormir bien; se ponía a pensar en el trabajo que tenía que terminar en la oficina y en los mil detalles que había que arreglar para la ceremonia yel viaje, y se desvelaba.

Su madre, que se preocupaba mucho por su hijo, le aconsejó que se tomara dos cápsulas de Nembutal para que descansara bien y al día siguiente se sintiera como nuevo. José apenas oyó lo que le dijo su madre; se tomó más cápsulas de la cuenta y al poco rato dormía como un lirón. Siguió durmiendo como un bendito cuando sonó el despertador por la mañana, una hora antes del ensayo. Más tarde la señora Molina, que ya volvía de hacer unas compras, fue a despertarlo muy alarmada y aunque probó todos los medios conocidos, como echarle agua fría en la cara, poner el radio a todo volumen, etc., tuvo mucha dificultad para lograrlo.

Cuando ya Carmen estaba decidida a volverse a casa, entró José a la iglesia muy azorado, a toda prisa y balbuceando disculpas. El padre de Carmen le echó una mirada fulminante de reojo y el pobre José hubiera querido ~2saparecer en ese momento. Empezó el ensayo con tan mala suerte que al irle a poner el anillo a Carmen, éste se le cayó y rodó debajo del altar. José se puso en cuatro pies para buscarlo y en ese momento tropezó con un florero que se hizo añicos, chorreándolo de agua y empapándole el traje. Siguió el ensayo, y mientras el remojado José hacía 10 que debía,se decía para su capote: "¿Quién habrá inventado todas estas ceremonias? ¡Cómo me habría gustado escaparme con Carmen y casarnos secretamente en una ceremonia sencilla! pero no debo pensar así; estas bodas les encantan a las mujeres y en este momento Carmen tiene tal expresión de felicidad y de triunfo que vale la pena. Además, de hoy en adelante voy a sentar cabeza y vamos a formar un hogar muy digno." En esto se sonrió satisfecho y le dirigió a Carmen una mirada de gran ternura. Ella, al ver la sonrisa, se puso a pensar: "¿Qué le habrá pasado a José que llegó tan tarde? ... él que a veces parece norteamericano por lo puntual. Debe ser que se divirtió mucho anoche en la despedida ... él es bastante formal, pero no deja de ser hombre y ¿quién sabe qué sucede en esas despedidas? Recuerdo que cuando se casó el primo de José, Vicente Molina, ya estábamos todos en la iglesia listos para la ceremonia y él no aparecía. José tuvo que ir a buscarlo y hasta la fecha no ha querido decir dónde lo encontró; ¡yen qué estado tan lastimoso llegó a la ceremonia! Pero José no es de ésos ... Es tan bueno y lo quiero tanto. Por fin lo pesqué para siempre. Ahora ninguna rubia de ésas que coqueteaban con él va a poder quitármelo."

El resto de los preparativos se llevaron a cabo sin más contratiempos y esa noche todos se durmieron pensando en el gran día que les esperaba.

La boda fue una de las más elegantes del año por su sencillez, como podemos ver por la crónica que apareció en el peri6dico:

LA PRENSA

Una bella novia, la señorita Carmen del Valle, lleg6 llena de emoci6n, ante el altar de la Catedral Metropolitana para enlazar su destino al del distinguido caballero señor don José Molina, miembro de una rancia familia capitalina, en un acto religioso de mucha brillantez y solemnidad.

Destacadísimas personas de nuestra Sociedad y del Honorable Cuerpo Diplomático, dieron realce a la ceremonia con su presencia. El atavío de la señorita del Valle llam6 la atenci6n de los numerosos invitados por su extraordinaria sencillez y elegancia. El templo lucía magníficamente iluminado y adornado.

Los padres de los contrayentes, el Embajador de los EE.UU. Sr. Smith y su bella señora, el prominente político señor don José Lucho y su distinguida señora, y el Vice-Cónsul de los EE.UU. y la virtuosa señorita Luz Gafas, fueron los padrinos.

La pareja fue agasajada posteriormente en la residencia de la familia del Valle con una suntuosa recepci6n en la que se brind6 por la eterna dicha de los contrayentes. Unirnos nuestros votos a los de sus amigos por la felicidad de tan distinguida pareja.



Ya en el avi6n, al empezar el viaje de bodas, José le dijo a Carmen, todavía sacudiéndose el arroz de la ropa: "Por fin ... "

1 ¿En qué difieren las participaciones de matrimonio en Surlandia de las de los Estados Unidos?
2 Explique por qué el 18 de marzo es un día de otoño en Surlandia.
3 Describa la actividad que había en la casa de la familia del Valle la víspera de la boda?
4 ¿Cómo era el traje de Carmen?
5 ¿Por qué asocia el autor el ramo de orquídeas blancas y de azahares que llevaba la novia con el símbolo de la pureza de ésta?
6 ¿En qué forma se llevó a cabo el ensayo de la ceremonia?
7 Qué pesadilla comenzó a cobrar forma en la imaginación de Carmen?
8 ¿Qué le pasó a José la noche anterior?
9 Compare las despedidas de soltero de Surlandia con las de los EE.UU.
10 ¿Por qué le aconsejó la Sra. de Malina a su hijo que tomara dos cápsulas de Nembutal?
11 ¿Cómo entró José a la iglesia y qué clase de mirada le echó el futuro suegro?
12 Describa lo que le pasó a José con el anillo y lo que le sucedió al buscarlo.
13 ¿Qué pensaba José para su capote durante el ensayo?
14 ¿Cree Ud. que Carmen tenía razón, cuando pensó '~ue había pescado a José para siempre"? ¿Es el matrimonio un contrato para toda la vida, o debe de tener sus excepciones?
15 Relate en sus propias palabras el artículo que apareci6 en la sección social de La Prensa.


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