Un dia en la mañana, cuando Phillips estaba más ocupado que nunca, su secretaria, que tenia una oficina al lado de la suya, entró para decirle que Juan Pérez queda hablar con él.
-Digale que si puede volver mañana; estoy muy ocupado en este momento-- dijo Phillips sin levantar la vista de los papeles que tenia sobre el escritorio. En verdad, desde hacía algunos días preparaba su segundo informe respecto a la marcha de la planta y ese dia estaba revisando un resumen del mismo para enviar todo al día siguiente a Chicago.
--Perdone, señor Phillips-- dijo la secretaria --pero es que él dice que es muy urgente.
--Bueno, entonces. Digale que pase-- respondió Ralph, pensando que sería algo referente a cosas del trabajo.
Juan Pérez, empleado leal y muy trabajador, había entrado a la planta cuando hacía poco tiempo que ésta comenzaba sus operaciones y, hasta ahora, se habia desempeñado magnificamente en sus funciones. Pérez abrió la puerta y, tímidamente, asomó la cabeza en la oficina de Plaillips.
--Pase, Juan-- dijo Ralph, haciéndole una seña con la mano --¿Qué ocurre?
-Sr. Fili, yo ...este... -comenzó Pérez.
--Vaya, hombre, qué hay, dígame- dijo Phillips intrigado por el tono confundido de Juan.
-No sé cómo empezar-- dijo Pérez, cuya cara se ponía cada vez más roja --pero ...este... Ud. sabe Don Raúl (asi interpretaba él el nombre de Ralph), yo he estado aqui hace ya bastante tiempo y siempre he tratado de hacer mi trabajo en la mejor forma posible y también...
--Nosotros estamos muy contentos con su trabajo aqui-- interrumpió Phillips-- ¿Le ha ocurrido algo aquí? preguntó Ralph, pensando que tal vez inadvertidamente él u otra persona podía haber herido su extremada sensibilidad en alguna ocasión.
-No, no es eso, Sr. Fili, al contrario; estoy muy agradecido por todo aquí, especialmente con Ud. - contestó Juan Pérez, más confundido que nunca. Y, haciendo un esfuerzo y tragando saliva, empezó a relatar el propósito de su visita.
-Lo que pasa es que, como Ud. sabe, Don Raúl, hace dos meses se murió mi hermana viuda, y mi mujer y yo tuvimos que quedarnos con los tres chiquitos. Hemos tenido muy mala suerte, Don Raúl, porque esto nos vino cuando yo ya me había metido en unas deudas para comenzar a construir una casita. Lo peor es que... y perdone que lo moleste con estas cosas personales... como Decesitaba diDero, le pedí algo de plata a mi compadre, el padrino de Albertito, mi hijo mayor, y ahora él está enfermo en el hospital y necesita la plata. Total, señor -continuó Juan,
bajando la cabeza- una cosa después de otra...
-Créamelo que lo siento mucho-- dijo Phillips, comenzando a darse cuenta del propósito de tales confidencias.
Después de un momento de embarazoso silencio, Juan se decidió a dar el paso final:
-Lo que me obliga a molestarlo, don Raúl, es que venia a pedirle si podría autorizarme un mes anticipado de mi salario.
Ralph no estaba acostumbrado a esto de anticipar dinero a los empleados, pero nada podia hacer ya que esa era la costumbre. Además, habia razones económicas que obligaban a la gente a tener que hacer esto. Y, por último, era buena politica acceder a peticiones de esta clase cuando el caso era justificado, por lo menos desde el punto de vista local. Y fue asi que Ralph le contestó:
-Muy bien, Juan. Ya que Ud. es un buen empleado, está perfectamente bien.
--No sabe cuánto se lo agradezco, don Raúl. Me ha quitado un tremendo peso de encima-- contestó Pérez en un tono que indicaba gran alivio.
Phillips tomó el teléfono y una vez que se comunicó con el contador jefe le díjo:
--Mire, Gonzalo, déle a Juan Pérez un mes de salario anticipado y descuénteselo en ocho cuotas mensuales. Sí sí Él va para allá en seguida. Gracias. Hasta luego.
Juan se despidió agradeciendo a Ralph profusamente. Phillips se quedó pensando en este asunto y decidió que tal vez era una buena idea crear algo asi como un 'credit union' para obreros y empleados de la planta.
Esa noche, cuando Phillips llegó a su casa, su esposa lo esperaba preocupada.
--Ralph-- le dijo en cuanto terminó de saludarlo con un apresurado beso de rutina-- Fijate que no sé qué hacer con Juana, la cocinera. Dice que su hermana viene a la capital desde el campo a visitarla y que trae a sus dos chiquitos y me pregunta si pueden quedarse aquí en la casa por tres dias... -terminó diciendo la Sra. de Phillips con voz desmayada.
Ralph no pudo menos que sonreírse.
-¿De qué te ries?-- le dijo ella --No tiene nada de divertido.
--Es que esta mañana me pasó algo muy similar en la oficina-- respondió Ralph. Y le contó a su mujer lo de Juan Pérez y sus dificultades.
-Yo no comprendo a esta gente-- dijo Catalina, la esposa de Ralph-- ¿Qué tienes que ver tú con que ese empleado tuyo se haya metido en camisa de once varas? Y tampoco veo por qué tenemos nosotros que preocuparnos de la familia de Juana.
-Tómalo con calma, Catalina. Recuerda que aqui no estamos en los Estados Unidos- dijo Phillips filosóficamente.
--Eso no tiene nada que ver-- empezó a decir ella.
--Tiene mucho que ver-- interrumpió Ralph-- porque aquí la gente depende mucho de su familia para todo y, aunque la situación económica de una persona no sea muy buena, cada uno trata de ayudar a sus parientes lo más posible-- dijo Phillips.
--Es que todavia no veo por qué nosotros tenemos que... comenzó de nuevo Catalina.
-Porque ese es el precio que nosotros, los 'ricos', como dicen ellos, tenemos que pagar a cambio de nuestra tremenda autoridad y posición social con respecto a ellos, los 'pobres'- explicó Ralph.
--Qué psicologia más rara- dijo Catalina, poco convencida.
--Rara o no, no hay nada que hacerle-- contestó Phillips --Aquí, para ser buen patrón, creo yo, y para ganarse la confianza y lealtad de esta gente, hay que tratar dentro de lo posible de resolverles muchos de sus problemas personales.
-Bueno, pero ¿qué hacemos con la cocinera?-- dijo Catalina, más preocupada aún por este problema inmediato que por cualquier otra cosa.
-No sé lo que pienses tú- contestó Ralph- pero a mi me parece que ya que Juana es tan buena empleada, más vale concederle lo que quiere. El salario no es todo; tú sabes, una cosa por otra.
-Bueno; entonces, cuando llegue la hermana con sus chiquitos los ponemos en el garage-- dijo Catalina, encontrando asi una solución.
--Si, pero ¿qué hago con mi auto?- protestó Ralph sobresaltado.
-¡Ah!- respondió su mujer sonriendo maliciosamente y con gran satisfacción-- Una cosa por otra, querido, una cosa por otra.
1 ¿Por qué habia podido establecer Phillips espléDdidas relaciones con sus obreros y empleados?
2 ¿Para qué entró su secretaria a su oficina una mañana?
3 ¿Qué trabajo importante estaba haciendo Phillips?
4 ¿Quién y cómo era Juan Pérez?
5 ¿Por qué pensó Phillips que tal vez Pérez estaba herido en su sensibilidad?
6 ¿Cuál era la historia triste de Juan Pérez?
7 ¿A qué no estaba acostumbrado Phillips?
8 ¿A quién y para qué llamó Phillips por teléfono y qué instrucciones le dio?
9 ¿Cómo se despidió Juan de Phillips?
10 ¿Qué le dijo Catalina a Ralph cuando éste llegó a su casa?
11 ¿Por qué se sonrió Phillips al oir a su mujer?
12 ¿Qué no creia Catalina que tenia mucho que ver?
13 ¿Qué pensaba Phillips que era necesario para ser un buen patrón?
14 ¿De quién depende mucho y a quién siempre trata de ayudar la gente en Surlandia?
15 ¿Qué solución encontró Catalina para el problema de su cocinera?
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