--Secundo la moción-- se apresuró a decir Ralph Phillips, quien, desde hacía unos meses, era miembro activo de este importante organismo.
--Ejem, ejem•.. -- carraspeó el Secretario --Perdone, Sr. Phillips, pero... ¿cómo decía Ud.?
Ralph se dio cuenta de que algo andaba mal, y tragando saliva, dijo: --Quise decir que secundo la moción del Sr. Secretario.
--Ah, muy bien ... Este ... ejem... Bueno, los que estén en contra que levanten la mano. ¿A ver? .• Perfectamente. Queda aceptada la moción por unanimidad-- concluyó el Secretario, mirando de vez en cuando a Phillips con una expresión un tanto rara.
Todos se levantaron de sus asientos, formando pequeños grupos e iniciando animadas conversaciones.
Ralph se unió a un grupo que hacía planes para ir a tomar el aperitivo al Hotel Continental.
--Hola, Ralph -- dijo Don Rafael Angel Valenzuela --¿viene con nosotros? .. ¿Sí? .. Espléndido-y terminó de contar algún cuento seguramente muy divertido porque todos soltaron grandes carcajadas.
El grupo volvi6 a reunirse en el Sa16n Marino. Mientras les traían la primera vuelta de martinis, Don Rafael, dirigiéndose a Ralph, le dijo:
--Estuvo muy interesante su charla, Phillips. Fue una idea excelente haberlo invitado a ser nuestro orador principal esta noche.
--Cuando Ud. hab16 de la organización de su planta-- intervino Don Manuel Gormaz, acentuando sus palabras, mientras se arrellanaba en el c6modo sillón de felpa azul y saboreaba un aromático habano --hubo una cosa que no creo haber entendido-- Haciendo una pausa efectista, continuó: --¿Quiso Ud. decir que nosotros los empresarios tenemos la responsabilidad de especializar a nuestros obreros?
--No, no, Don Manuel. No se trata de una responsabilidad; nosotros creemos que se trata de una ventaja--, respondió Ralph.
--Yo no veo qué ventajas puede traer eso-- replic6 Gormaz, llevando al mismo tiempo su habano hacia un macizo cenicero dorado y soltando las gruesas cenizas con dos delicados golpecitos de su ensortijado dedo índice --¿para qué gastar dinero en crear cursos para capataces, por ejemplo-- continuó, --si apenas aprenden algo, o quieren aumentos de salarios o se van a trabajar a otra parte?
--Tal vez tenga Ud. razón-- dijo Phillips --pero la experiencia en nuestra planta ha demostrado que los obreros que nosotros hemos especializado no sólo rinden más, sino que quieren seguir trabajando con nosotros.
--Eso lo pueden hacer Uds. los norteamericanos-- replicó Gormaz obstinadamente --Pero lo que es nosotros, no tenemos los capitales para esas cosas.
--En realidad, no es tanto cuestión de capital-- explicó Phillips --Eso sí, que si Ud. quiere mayor eficiencia, necesita remunerar mejor a los obreros especializados, pero los mayores gastos se compensan ampliamente con el mayor rendimiento y mejor calidad de la producción-- terminó de decir Ralph. Y agregó después de una corta pausa: --Por lo demás, recuerde Ud., Don Manu~l, que yo no he tratado de decirles a Uds. que deben adoptar los métodos que empleamos en nuestra planta; sólo he querido darles una idea de lo que hacemos en la United Appliances ... Y créame que en más de una ocasión, como lo expliqué en mi charla, hemos metido la pata hasta algo más arriba del codo.
--A propósito-- preguntó Valenzuela a Ralph, al quejarse uno de los que estaban allí de que la hora fijada para la reunión de cierto comité de la Cámara de Comercio para el día siguiente era demasiado temprano para él --¿qué diablos quiso decir Ud. con eso de "secundo la moción?"
Después de que Ralph explicó, preguntando a su vez que qué tenía de raro, Valenzuela le dijo que en Surlandia, cuando alguien presentaba una moción, especialmente cuando se trata de cosas de rutina, la proposición entra a votarse de inmediato. A veces, en cosas de mayor importancia, una vez presentada la moción, y antes de llegar a la votación, se ofrece la palabra y tanto los que están a favor como los que están en contra pueden levantarse a explicar sus razones.
--Nunca termina uno de aprender-- dijo Ralph con resignación. Y agregó con filosofía: --En boca cerrada no entran moscas.
--Ah, no se preocupe-- respondió uno, y otros dijeron cosas parecidas en tono alegre y festivo.
--¡Salud!-- brindó uno.
--¡Secundo la moción~-- respondió Gormaz, aprovechándose oportunamente del error de Phillips.
Una hora después, los amigos se encontraban en el comedor del hotel, tornándose nuevamente la conversación hacia el terna de la Convención de la Federación Interamericana de Comercio.
Era esta Federación una organización que habia sido creada por hombres de negocios de toda la América Latina y que celebraba su primera convención en Surlandia. Uno de los objetivos principales de esta asociación era el de promover la inversión de capitales privados, tanto nacionales como extranjeros, en concordancia con el desarrollo económico de cada pais y con el del área en general. Sin duda, el tema principal de la convención iba a ser una discusión sobre las distintas opiniones que existian con respecto a las inversiones extranjeras, principalmente norte americanas, como base para una acción común en el futuro. Hombres de negocios y representantes de empresas privadas de los Estados Unidos habian sido invitados a exponer sus puntos de vista con respecto a estos problemas.
La convención, que iba a durar tres dias, fue precedida de gran publicidad. La sesión inaugural tuvo lugar el dia lunes, 24 de Septiembre, en el Hemiciclo del Senado Nacional, donde los participantes en la convención fueron recibidos solemnemente por el Congreso reunido en sesión plenaria. Entre los numerosos asistentes, además de los delegados de cada pais, se encontraban altas personalidades nacionales y extranjeras especialmente invitadas por la Federación Interamericana de Comercio (FIC): el ministro de relaciones exteriores, Excmo. Sr. Alejandro de los Rios, el embajador de los Estados Unidos y demás embajadores latinoamericanos; y también podía verse al director de la AID en Surlandia, al agregado comercial norteamericano, Sr. Fred Robinson, a Ted Barber y a representantes de compañias extranjeras en Surlandia. Entre estos últimos estaban presentes personas tales como el representante de la United Appliances, Ralph Phillips, el Sr. Raoul Girard, representante de una compañia francesa de productos quimicos, el gerente de una compañia italiana de automóviles, Sr. Enrico Russetti y el representante de la compañia alemana importadora de articulos varios, Sr. Hans von MUhlenbrock.
Después de los discursos inaugurales en que se daba la bienvenida a los distinguidos delegados y huéspedes, algunos muy largos y aburridos en los que se hacian interminables votos por el éxito de la Convención, los delegados se trasladaron al local en que el Gobierno ofrecia un suntuoso almuerzo, el que transcurrió entre brindis y discursos y más discursos. No fue sino hasta las cuatro de la tarde cuando empezaron a tratarse formalmente los temas principales en los distintos comités que se habian formado de antemano. Cada uno de los delegados hacia uso de la palabra, exponiendo los puntos de vista de los hombres de negocios de su pais, describiendo las condiciones politico-económicas y las ventajas y desventajas de la inversión de capitales nacionales y extranjeros con relación a dichas condiciones. Después de cada discurso seguia un largo periodo de discusión, de manera que esta fase de la convención continuó a lo largo de toda esa tarde y del dia siguiente. Gran parte del programa social que se habia elaborado tuvo que cancelarse, ya que el miércoles, último dia de la convención, tenia que ser dedicado a sesiones plenarias y a la discusión de asuntos internos de la FIC.
Sin embargo, no faltó oportunidad para que los delegados discutieran los temas de su interés, reuniéndose fuera de las salas recargadas de pesado e irrespirable humo, formando pequeños grupos para ir a tomar café o yendo a almorzar o a cenar a distintos lugares. El dia martes, por ejemplo, Ralph Phillips habia ofrecido un almuerzo a un grupo de delegados. Alli se conversó largamente y sin reservas sobre muchos de los puntos de divergencia que existian entre los paises con respecto a las inversiones privadas. En suma, estas discusiones informales contribuyeron en mucho a la comprensión mutua de los problemas y a la búsqueda de soluciones satisfactorias por ambas partes.
Asi fue que el ambiente de cordialidad, alcanzado muchas veces lejos de la presión inhibidora de las reuniones formales, se reflejó, en el último dia de la convención, en el realismo expresado en las ponencias presentadas por los presidentes de comités. Sin embargo, la intervención más brillante fue el discurso pronunciado por el delegado de Surlandia, Licenciado Gastón Furnero, al ofrecer el Banquete de Honor y Baile de Gala a las delegaciones extranjeras, evento que puso un broche de oro a tan fructifero torneo interamericano.
El Lic. Don Gastón Furnero, cuya profesión de abogado habia contribuido grandemente a su holgada fortuna, era hombre hábil y de gran visión. Su reconocida capacidad como persona ilustrada y como hombre de negocios lo habia llevado a ocupar altos cargos públicos. Senador de la República en varias oportunidades, ministro de finanzas y ministro del trabajo en pasadas administraciones, se encontraba actualmente dedicado a su profesi6n y al desempeño de sus funciones como delegado de Surlandia ante la Federaci6n Interamericana de Comercio, organismo del cual había sido él uno de sus más entusiastas fundadores. No era de extrañar, pues, que su discurso de ofrecimiento, que resumi6 con meridiana claridad expositiva el estado actual y las perspectivas futuras del comercio interamericano, fuera recibido con largos aplausos.
El banquete era magnífico. Por muchas semanas sería el comentario de todos, y las livianas columnas sociales de la prensa capitalina agotarían la infinita gama de oportunidades que presentaba tan abigarrada como distinguida concurrencia.
Una de las asistentes al banquete era Doña Gertrudis, esposa del Lic. Furnero, mujer de alcurnia, ya no muy joven, fundadora y presidenta de varias sociedades de beneficencia y para quien la comidilla social inspiraba en su exuberante figura indefinibles sentimientos de placer. En cierto momento, se volvi6 a su compañera de mesa, Catalina de Phillips, después del brindis que el Licenciado había ofrecido al terminar su discurso:
--¡Ay, linda:-- le dijo a Catalina --Ahí está esa pedante de Violeta del Villar. Es la que escribe esa ridícula columna social de La Prensa. Que ni se acerque por aquí.
--Parece ser muy simpática-- replic6 con diplomacia la Sra. de Phillips.
--¿Simpática?-- espet6 Doña Gertrudis, frunciendo los labios --Violeta es una cursi ... No es que quiera hablar mal de ella, porque en el fondo somos muy buenas amigas ... es de muy buena familia, Ud. sabe .•. Pero una no se puede descuidar con lo que una dice, porque después todo lo saca a relucir en su columna.
y continu6 sin detenerse:
--El otro día, por ejemplo, estaba yo
en un té en el Hotel Gril16n... ¿No ha ido Ud. nunca ahí? . Yo no la he visto, ¿sabe? .. Es de lo más distinguido. Bueno, estaba yo ahí con un grupo de amigas .. Rosarito Villegas . ¡AY:, ¡qué chica más simpática: Se ~as6 hace poco con ese joven tan buen mozo... ¿cámo es que se llama .. ? . Bueno, ¿d6nde es que estaba? Ah, sí. Entonces, linda, les estaba contando a mis amigas, confidencialmente, Ud. comprende... Yo no soñaría con decirlo en público... les estaba contando que Rosa Gormaz ... es imperdonable, ¿sabe? .. que ella, con un desparpajo increíble, me había copiado un modelo exclusivo de traje de noche que mi esposo me había traído de París. No hay derecho, ¿verdad? Total, no me lo alcancé a poner ni una sola vez ... Llego a llorar cuando me acuerdo....
Mientras la Sra. de Furnero se daba tiempo para respirar, Catalina quiso aprovechar para cambiar la conversaci6n. Había empezado a decir algo, pero no alcanz6 a terminar porque Doña Gertrudis volvi6 a la carga con más bríos que antes:
--Total-- continu6, --en eso estaba, contándoles a estas muchachas amigas mías, cuando de repente, ¿a quién veo?, nada menos que a Violeta del Villar ... ¡Qué horror~ ..• Se había colado en el grupo sin que yo me diera cuenta ... ¡Uy, casi me desmayo~ ... Y yo que tengo la presi6n tan alta ... El doctor me ha dicho tantas veces que yo debería evitar las emociones ... y claro, al otro día la muy insidiosa sac6 en su columna todo el asunto.
Y haciendo como que leía el peri6dico, la Sra. de Furnero procedi6, en un tono de remedo, a dar su versión de lo que Violeta había escrito en su columna: -"¿Quién es esa señora tan conocida que ayer, a la hora del té en el Grill6n, decía a sus amigas que le habían copiado un modelo traído de París?" ... ¡Qué escándalo, Dios mío~-- termin6 Doña Gertrudis, exhalando un hondo suspiro.
Afortunadamente para Catalina, para quien ésta había sido una verdadera experiencia lingUística, en ese momento todos empezaron a levantarse y el banquete se dio por terminado. Ralph, que había observado desde su puesto en la mesa el difícil trance por el que pasaba su esposa, vino inmediatamente a su rescate y, acercándose al grupo en que estaba Catalina, después de saludar y de cambiar unas cuantas frases banales, y pidiendo excusas por tener que retirarse, torn6 a su esposa por el brazo y se la Ilev6. Mientras se alejaban, podían aún escuchar a la Sra. de Furnero, quien, con ojo clínico y sin perder un momento, había encontrado prontamente a otra víctima....
1 ¿Por qué creía Ralph que era una ventaja especializar a los obreros?
2 Según Ralph ¿qué era necesario para obtener mayor eficiencia en una fábrica?
3 ¿Por qué Ralph meti6 la pata cuando dijo "secundo la moci6n"?
4 Explique el refrán español "en boca cerrada no entran moscas".
5 ¿cuál era uno de los objetivos principales de la Federaci6n Interamericana de Comercio?
6 ¿D6nde y cuándo tuvo lugar la sesi6n inaugural?
7 ¿Qué entiende Ud. por sesi6n plenaria del Congreso?
8 ¿C6mo fueron los discursos inaugurales?
9 ¿Cuáles eran algunos de los temas que discutían los delegados cuando hacían uso de la palabra?
10 ¿Qué puesto había ocupado el Lic. Don Gast6n Furnero en la vida pública?
11 Describa a Doña Gertrudis, la esposa del Lic. Furnero.
12 ¿Quién era Violeta del Villar?
13 ¿Por qué Doña Gertrudis estaba disgustada con Rosa Gormáz?
14 ¿Qué trat6 de hacer Catalina cuando la Sra. de Furnero se daba tiempo para respirar?
15 ¿Qué había observado Ralph desde su puesto en la mesa?
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