--Ah, eres tú-- dijo, al ver a Patricia, quien después de haber tirado sus libros en un sofá se dirigía a su dormitorio.
--Hola, mamá!-- dijo Patricia desganadamente.
--¿Por qué llegaste tan temprano? ¿Oue no hubo clases?-- preguntó Catalina.
--No.... Es que me ha dolido la cabeza y me vine un poco antes-- respondió Patricia. Y continuó --Perdóname, pero me voy a recostar un momento.
La Sra. Phillips, temerosa siempre de las enfermedades, tendía a veces a exagerar cualquier síntoma y su botiquín, lleno de pociones, píldoras y ungüentos de toda clase, se había convertido hacía tiempo en un excelente blanco del genio humorístico de la familia.
--Mejor es que te acuestes del todo-- replicó Catalina, alarmada --Mientras tanto, voy a buscar el termómetro.
--Pero mamá, si no es nada.... Descansando un rato se me pasa-- respondió Patricia con voz plañidera.
--No, no, no. Ni por nada-- contestó Catalina con finalidad. Te has adelgazado.... Ya no tienes el apetito de antes.-- Hace días que he notado que no estás bien. Tendrás que tomar un tónico.
Patricia, que en realidad estaba en perfecta salud, ante las perspectivas de tener que sufrir por lo menos un mes de Ferratol, ese horrible tónico reconstituyente favorito de su madre, optó resignadamente por obedecer. Patricia esperaba que su madre, pasado el momento de alarma, llegaría a olvidarse del asunto. Sin embargo, este pequeño incidente bastó para que el dolor de cabeza se le convirtiera de inmediato en una horrible jaqueca.
--A ver, ponte este termómetro-- dijo Catalina al volver. Patricia, quien se habla acostado y dejado el cuarto en la semi-oscuridad, protestó quejumbrosamente y volvió la cabeza hacia otro lado.
--Déjate de tonterias y abre la boca-- interrumpió Catalina, procediendo sin más trámite a colocarle el detestable tubo de vidrio debajo de la lengua. Transcurrieron unos momentos.
--Hmm... qué raro-- pensó Catalina en voz alta-- No hay fiebre .... Bueno, lo que necesitas es una buena dosis de leche de maqnesia y después, unas aspirinas. En todo caso, mañana no te levantas. Más vale prevenir que curar-- dijo.
De nada valieron las protestas de Patricia. No sólo tuvo que tomarse esa horrible poción con sabor de papel de lija, sino también quedarse en cama todo el dla viernes. El sábado, después de almuerzo, Catalina la dejó levantarse unas horas y el domingo su madre no le permitió salir a ninguna parte para que terminara de recuperarse. Patricia nunca habla deseado con tantas ansias que llegara el dla lunes.
El lunes, Patricia se levantó muy temprano, contenta y de muy buen humor. Se habla puesto un vestido azul claro que se le veia lindísimo. Se miró en el espejo varias veces, volviéndose hacia un lado y otro, subiéndose la falda un poquito aquí, bajándosela un poquito allá; se arregló las medias hasta dejar la línea de la costura Perfectamente recta y, cuando estuvo totalmente satisfecha, recogió sus libros y bajó a desayunar.
--Buenos dias, papá-- dijo alegremente, dándole a Ralph un beso en la redondela que en el medio de la cabeza indicaba una incipiente calvicie.
--Buenos dlas, Pat-- contestó Ralph sonriendo y levantando la vista del periódico-- ¿Cómo amaneciste?
--Con un hambre atroz ... ¿Juana? .. ¡Juana! ... --exclamó en dirección a la cocina --¡Tráigame unos huevos con jamón!
--Juana no vino a dormir aquí anoche y tu mamá está enojadísima-- explicó Phillips
--Pobre Juana, temo que hoy va a ser su último día en esta casa.
--Que si va a ser el último.... La voy a despedir tan pronto asome sus narices por la puerta de la calle-- dijo Catalina entrando en el comedor con el desayuno de Patricia.
--Mira, Catalina-- le dijo Ralph a su mujer --a pesar de todo, en realidad Juana es una mujer buena y servicial ....
--¿Buena y servicial?-- respondió Catalina con ironía --No me hagas reír. Ya me tiene hasta aquí-- continuó, llevándose la mano a la cabeza en un gesto significativo. Y agregó --Que hoy le duele una muela, que mañana tiene que ir a un velorio, que después le llegan unos parientes, que se le fue el último autobús, que se le olvidó esto, que se le olvidó esto otro....
Ralph, a quien le disgustaba discutir asuntos de sirvientas, dejó a su mujer que se desahogara y, encontrando un momento propicio, cambió de tema.
--A propósito, Catalina-- dijo con intencionada inocencia --qué lindo ese vestido nuevo de Patricia, ¿tú se lo escogiste?
Catalina no pudo menos de mover la cabeza de un lado a otro.
--Ay, papá-- interpuso Patricia --este vestido me lo trajiste tú de Chicago en el último viaje que hiciste .... Me lo regalaste para mi cumpleaños, ¿no recuerdas? Y dándose aires de señora, agreló --Todos los hombres son iguales.
--¡Ah,ya se me olvidaba!-- exclarnó Catalina, ante la mirada sorprendida de Ralph --¡Felicidades, Ralph!
--¡Verdad! ... ¡Felicidades, papá!-- dijo Patricia, levantándose para abrazarlo y darle otro beso, esta vez en la mejilla.
--¡Ehh! ¡Qué les pasa a Uds.!-- exclamó Phillips, tratando de esquivar los abrazos que con seguridad le iban a estropear el bien centrado nudo de su elegante corbata.
--¿Que no recuerdas qué día es hoy?-- dijo Catalina, mirándolo maliciosamente
Phillips trató desesperadamente de recordar. ¿El aniversario de bodas? .. ¡Dios mío! ... Ah, pero no, no puede ser.... Dándose cuenta de que no era nada tan serio, se sintió algo más aliviado y dijo:
--No tengo la menor idea. Ustedes dos se han vuelto locas.
--Es el día de tu santo-- le informó Patricia.
--¿De mi santo?-- dijo Phillips, con una expresión de genuina sorpresa.
--Claro, papá. San Rafael-- le confirmó su hija Patricia.
Phillips, recordando que muchos de sus amigos surlandeses lo llamaban Rafael en vez de Ralph, cayó por fin en la cuenta, y riéndose de buena gana, les dijo a su mujer y a su hija:
--Ah, ya... Por fin, después de tantos años, me reconocen por lo que soy: un santo. Mi. Saint Ralph ... y mártir por añadidura, sépanlo bien y que no se les olvide ....
--A propósito-- interrumpió Catalina --estamos invitados para una fiesta esta noche en la casa de los Valenzuela. La señora me llamó el viernes y se me había olvidado completamente.
El buen humor de Ralph se esfumó como por encanto. No es que detestara las fiestas, pero en los últimos días había tenido que asistir a varios cocteles y a una comida. Y ahora, la nueva semana amenazaba convertirse en otra agotadora sucesión de noches en vela.
--Pero, ¿a quién se le ocurre hacer una fiesta el día lunes?-- dijo Ralph exasperado --Llámalos y diles cualquier cosa. Lo que es yo no voy ni amarrado.
--La fiesta la hacen hoy por ser San Rafael, el día del santo de Don Rafael Angel Valenzuela. Van a ir todos los Rafaeles de la familia y algunos amigos-- respondió Catalina, cautelosamente.
--Ah, bueno... este ... me lo dices tan a última hora y yo... este ... tengo una reunión con unos señores para discutir de negocios ... -- dijo Phillips tratando de encontrar un pretexto cualquiera.
--Además ... este ... Patricia no debe acostarse tarde; ha estado muy enferma últimamente-- agregó, sin volver la vista hacia su hija. Esta lo miró con indignación al saberse convertida en inocente oveja, sacrificada fríamente por su padre en el altar de las exageradas preocupaciones de Catalina.
--Yo estoy perfectamente bien-- se apresuró a protestar Patricia.
hasta mediodía porque no tengo clases hasta la tarde. --Además mañana puedo dormir
--Tal vez tengas razón, Ralph-- empezó a decir Catalina, herida en su lado flaco.
Ralph, victorioso en su hábil maniobra, se hubiera mantenido firme en su decisión aunque no fuera más que por demostrarles a sus dos adoradas enemigas que era él el amo y señor de la casa. Sin embargo, en vez de explotar su pequeña victoria táctica, se dejó ablandar el corazón, quedando igualmente satisfecho de su generosidad paternal.
--Bueno, en realidad podemos ir, aunque solamente por un rato-- dijo Ralph --Ya Patricia tal vez le haga bien distraerse un poco. Después de todo, los Valenzuela son gente simpática y Don Rafael es persona influyente .... No es que eso me importe, ¿comprendes, Catalina? ... Pero los negocios muchas veces requieren estas cosas ... ¿verdad? Bueno, perfectamente, saldré temprano de la oficina y escogeré un bonito regalo.
--Bueno, como tú digas-- dijo Catalina, denotando aún cierta duda en la inflexión de su voz.
En ese momento se oyó un suave ruido de llaves en la puerta de la calle, la que en seguida empezó a abrirse lentamente. Todos volvieron la vista a tiempo para ver a Juana, la cocinera negligente, asomando cautelosamente la cabeza en el vestíbulo. La pobre, al enfrentarse con la fija mirada de Catalina, se quedó como paralizada. Luego entró, cerró la puerta y, cabizbaja, pasó rápidamente.
--Buenos días-- dijo Juana al pasar, con voz casi inaudible. Al llegar a la cocina, oyó la voz estentórea de su patrona.
--¡¡¡JUANA!!!-- llamó Catalina --¡¡¡VENGA ACA!!!
--vámonos, Pat, que se nos va a hacer tarde-- dijo Ralph a su hija, apurando la taza de café y levantándose de la mesa. Ralph odiaba cordialmente esta clase de escenas domésticas.
Phillips pasó la mañana sumamente atareado en la oficina y, al llegar la hora de almuerzo, decidió no ir a su casa. No sólo tenía mucho que hacer, sino que pensó en que Catalina estaría de muy mal humor después de haber despedido a Juana. Tal vez había encontrado a otra cocinera, la prima del chofer de la oficina quizá, a quien éste había recomendado en otras ocasiones, pero en todo caso mejor era quedarse en el centro y comer algo rápido, un sandwich o algo así.
Efectivamente, Catalina había llamado a la prima del chofer para que empezara a trabajar inmediatamente. Esta había aceptado y Catalina se encontraba atareadísima enseñándole los quehaceres de la casa, por lo que en realidad se alegró de que Ralph no llegara a almorzar y no se preocupó mayormente al no recibir un llamado de su esposo anunciándole que no vendría. ¡Ah! ... Pero qué paciencia iba a necesitar Catalina con la nueva sirvienta.... Ya había tenido que repetirle las cosas tres y cuatro veces y todavía lo hacía todo mal. En las pocas horas que llevaba trabajando, Jesusa--que así se llamaba la muchacha--había demostrado hacer bien sólo una cosa: hablar por teléfono. Esa misma tarde, cuando Catalina salió a hacer una visita, dejó todo lo que estaba haciendo y corrió al teléfono. Se sentó Jesusa cómodamente en un sillón y, cruzando las piernas, marcó un número.
--¿Aló? ¿Con Prudencia? ¿Cómo te va, chica?
--¿Jesusa? ¡Ah! ... Habla no más, que la vieja de mi patrona salió.
--¡Ja, ja, ja... ! La mía también. Fíjate que tengo un empleo estupendo, en la casa del jefe de Gaspar ....
Y así continuó Jesusa, llamando a todas sus amistades y dándoles detalles de cuanto había podido observar respecto a los Phillips, la casa, etc., etc.
Eran ya cerca de las cinco cuando Ralph, que había tratado infructuosamente de llamar, pues la línea estaba siempre ocupada, 10gró comunicarse con su casa. Quería preguntarle a Catalina que si tenía que ir de smoking a la fiesta de los Valenzuela y, que si así era, si podía hacerle algún arreglo a los pantalones, pues habia engordado algo desde la última vez que se los había puesto.
--¿Aloooo?-- contestó una voz que a Ralph le pareció ser la de Juana.
--¿Juana?-- preguntó Phillips para asegurarse.
--No, Jesusa. A Juana la echó la señora. Yo soy la nueva empleada.
--Ah, caramba-- dijo Ralph, algo decepcionado --Bueno, Susie, llámeme a la señora.
--Susie no, señor, Je-su-sa.
--Bueno, está bien-- replicó Ralph, empezando a impacientarse --Llame a la señora.
--¿De parte de quién?
--¡Caramba, de mi! ¡Yo soy el Sr. Phillips!-- exclamó Ralph con tono golpeado.
--La señora no está, ¿desea dejarle algún recado?-- contestó Jesusa sin inmutarse.
--¿Dónde anda la señora?-- preguntó Phillips como toda respuesta.
--Pues, yo qué sé, señor-- replicó Jesusa frescamente --Salió hace rato y no dijo para dónde iba. Me dijo que si llamaba Don Rafa--ése debe ser Ud.--que le dijera que iba a volver como a las seis.
--Bueno, está bien-- respondió Phillips, bastante molesto por el tono impertinente de la nueva sirvienta. Y colgó.
Phillips llegó de la oficina como a las seis y media y puso a su mujer a trabajar en esos benditos pantalones. Después de descoser, volver a coser y correr botones, Catalina, que ya había tenido bastante malos ratos, con Juana primero y luego con Jesusa, y soportado en silencio las reconvenciones de su esposo respecto al despido de la una y el empleo de la otra, pretextó una fuerte jaqueca y se fue a la cama. Como resultado, Ralph se fue a la fiesta de los Valenzuela solo con Patricia.
El abrazo que le dio Don Rafael Angel Valenzuela a Phillips al llegar éste a la suntuosa mansión fue tan fuerte y entusiasta que Ralph por poco queda sin aire y se le revientan los todavía apretados pantalones del smoking. Phillips estaba de un humor terrible. El día había estado lleno de incomodidades y, para peor de males, tener que soportar ese "traje de pingüino" que le apretaba como un corsé, era ya demasiado para él. Sin embargo, la música y la alegría que reinaba en la fiesta, así como el efecto tranquilizador de los exquisitos licores que había empezado a consumir, hicieron que empezara a olvidarse de la oficina, de Juana, de Jesusa y hasta del maldito traje de etiqueta.
En realidad, era ésta una fiesta familiar y, sin embargo, había no menos de unas cien personas. Con excepción de un reducido número de amigos íntimos de los dueños de casa, todos los asistentes estaban emparentados de una manera u otra. Había tíos y primos en primer, segundo, tercer, cuarto y hasta quinto grado, sin hablar de sus familias y parientes políticos. Y en todo momento, hubo música, chistes: total, alegría exuberante. Patricia se sentía feliz y no dejó de bailar ni una sola pieza y, ante su genuina sorpresa, vio que hasta su padre se sintió animado a bailar una pieza típica del país.
Cerca de la medianoche, Ralph y Patricia, en medio de las protestas de los dueños de casa, se despidieron y después de un corto recorrido en automóvil, llegaron a la casa, en la que aún se veían luces. Entraron en el vestíbulo y al cruzar el comedor, vieron a una persona salir de la cocina.
--Buenas noches, señor; buenas noches, señorita Patricia. Los estaba esperando con una taza de café bien calientito....
--¿Ud.? ¿Aquí?-- exclamaron a la vez Patricia y Ralph.
--Pues sí, señor. Doña Catalina misma me fue a buscar a la casa esta noche-- respondió Juana con una amplia sonrisa.
Ralph y Patricia cruzaron entonces una maliciosa mirada de inteligencia y se dispusieron a saborear el reconfortante café que les ofrecía Juana.
1 ¿Por qué se levantó intrigada doña Catalina cuando oyó que se abría la puerta de la calle? Explique en qué forma reaccionaba siempre la Sra. Phillips ante las enfermedades.
2 ¿Qué guardaba ella en su botiquín?
3 ¿Qué síntomas le había notado Catalina a Patricia?
4 ¿Qué entiende Ud. por 'más vale prevenir que curar?' Dé ejemplos.
5 ¿Qué medicinas tuvo que tomar Patricia y cuántos días estuvo sin salir a la calle?
6 ¿Por qué estaba enojada la Sra. Phillips con Juana y qué pensaba hacer con ella cuando asomara las narices?
7 ¿Qué inconvenientes le veía Catalina a Juana?
8 ¿Por qué felicitaron Catalina y Patricia a Rafael?
9 ¿Tenía deseos el Sr. Phillips de ir a la fiesta de los Valenzuela? pretextos encontró.
l0 ¿Por qué decidió el Sr. Phillips no ir a almorzar a su casa ese día?
11 Describa a la nueva sirvienta de Catalina. Explique por qué y qué
12 ¿Por qué quería comunicarse Ra1ph con su esposa?
13 Relate la conversación telefónica entre el Sr. Phillips y Jesusa.
14 Hable de la fiesta en general, de los asistentes, del ambiente, etc.
15 ¿Quién estaba esperando al Sr. Phillips y a Patricia en la casa y qué les ofreció?
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