--La llamo para molestarla con un pequeño problema que tengo, Sra. de Fuentes, y perdóneme por haber la llamado tan temprano-- le dijo, después de saludarla y preguntarle por don Ricardo y los hijos.
--Primero que todo-- interrumpió Marta --mis amigas no me dicen 'Sra. de Fuentes' y por eso Ud. no debe decirme así tampoco. Yo soy Marta para Ud., y si me permite, yo prefiero decirle a Ud. Virginia. Como amigas y vecinas que somos es mejor tratarse por el nombre. Eso de 'Sra. de Robinson' y 'Sra. de Fuentes' es una formalidad horrible, ¿no le parece?
--Sí, claro, tiene toda la razón, Marta; en mi país hacemos lo mismo, pero aquí prefiero no tratar a nadie de 'tú' o por su nombre hasta estar segura de que no voy a meter la pata si lo hago. Muchas gracias por decírmelo y por mi parte Ud. también puede decirme Virginia y no 'Sra. de Robinson.' A mí tampoco me gusta esa formalidad, francamente. Pero lo que sí me preocupa es tener que molestarla con mis problemas.
--No se preocupe por eso, Virginia, al contrario; a mí me alegra mucho poderla ayudar en algo. Como le dije la primera noche que estuvimos en su casa, para eso son los vecinos y aquí nos tienen Uds. para cualquier cosa que necesiten. Nosotros sabemos muy bien que Uds. deben encontrar en este país cosas que son muy diferentes de como son en los Estados Unidos.
--Sí, en realidad hay algunas, pero ya vamos acostumbrándonos poco a poco. El problema con que me encuentro en este momento es el de la comida, y le digo que es una gran lata. Mi marido se queja de que nunca le hago lo que a él le gusta: comida americana. Pero es que no he podido encontrar nada en los mercados de aquí. Ayer fui al mercado de este barrio y luego a otro en el centro, pero en ninguno de los dos encontré nada bueno, y además todo tan caro.... No sé qué hacer. Mi marido me dijo que iba a divorciarse de mí si no le tenía algo bueno para esta noche-- Virginia terminó diciendo en broma.
--No se preocupe, Virginia, no vamos a permitirle a su esposo divorciarse de Ud.-- dijo Marta siguiéndole la broma. --Yo voy a llevarla a un mercado donde vamos a encontrar de todo lo que Ud. busca y barato. Yo voy alli todos los viernes; vea que coincidencia, en este momento estaba haciendo la lista. Ud. puede ir ahora mismo?
--¡Claro que puedo!-- exclamó Virginia. Déme diez minutos para vestirme, por favor.
--Muy bien, llámeme cuando esté lista y yo paso por Ud.
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