Por ejemplo, el lunes era el día de lavar toda la ropa y mandar a la tintorería los trajes de su esposo y de sus hijos, y también algunos de los vestidos y faldas de ella y de las niñas que no se podían lavar en la casa. Y a la lavandería mandaba solamente las camisas de don Ricardo, porque sólo allí las sabían lavar a su gusto.
El jueves no había ningún trabajo especial, pero era día de canasta o bridge con las amigas del barrio que casi siempre se reunían en su casa.
El sábado estaba dedicado al trabajo general de la casa; es decir, barrer y limpiar todos los pisos, muebles, lavar ventauas, etc. Aunque los Fuentes tenían dos buenas sirvientas, todos los de la casa ayudaban en algo ese día con excepción de don Ricardo y dos de los hijos varones que trabajaban en el Ministerio de Relaciones Exteriores.
Esas eran las órdenes de su madre y aunque a los niños, especialmente a los otros dos varones, no les gustaba ayudar en nada, nunca se quejaban, o por lo menos, si lo hacian, nunca lo hacian cuando su madre estaba presente, porque sabían que ella era muy rigurosa y no aceptaba pretextos.
Los viernes eran los días de mercado. Marta nunca mandaba a las sirvientas a hacer las compras; prefería ir ella misma porque nadie como ella sabía dónde y cómo se podía comprar bueno y barato las verduras más frescas, la mejor carne, el mejor pescado.... Esta señora era lo que realmente podríamos llamar una experta en compras.
Así era Marta de Fuentes, una señora metódica que, aunque a veces demasiado rigurosa, era una magnifica mujer, siempre dedicada a su casa, a su esposo y a sus hijos.
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