Las señoras conversaron sobre cosas más interesantes para ellas; hablaron de sus respectivos hijos, sobre los problemas del servicio, de la otra gente que vivía en el barrio, etc, Pero por fin, viendo que en realidad se estaba haciendo demasiado tarde, los Fuentes se levantaron para despedirse.
--No se pueden ir todavía-- dijo Fred al ver que querían irse --no es tarde; permítanme servirles otra copa.
--No, muchas gracias, más bien creo que ahora sí debemos irnos. Hemos tenido muchlsimo gusto de conocerlos y ya saben que nuestra casa está a su disposición. Cualquier cosa que necesiten, avísenos.
--Muy agradecidos, igualmente. Y tienen que volver muy pronto-- exclamó Virginia.
--Con mucho gusto-- dijo Marta --y ustedes también deben venir a vernos. ¿Por qué no vienen a comer con nosotros uno de estos dias y traen a Jane y a Ruth también? Este sábado, por ejemplo.
--Muchas gracias, nosotros encantados-- contestó Virginia sólo que este sábado no podemoa, tenemos una recepción en la Embajada; los otros dias de esta semana Fred tiene que quedarse trabajando hasta tarde en la oficina, pero la semana que viene, cualquier dia.
--Magnífico. ¿Qué les parece el jueves o el viernes?
--Muy bien, muchas gracias. ¿Te parece bien a ti, Fred?-- le preguntó su esposa.
--Si, cómo no, cualquiera de los dos días, aunque para mí es un poco mejor el viernes.
--El viernes, entonces. Yo los llamo antes otra vez para que no se les olvide-- exclamó Marta, y después de una pequeña pausa dijo: Bueno, ahora si nos vamos. Buenas noches y mil gracias por todo.
--A ustedes las gracias, hasta mañana.
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